Quiero un dios pequeñito
tan pequeñito
que me quepa en la palma de la mano
y así poder mirarlo,
tocarlo,
devocionarlo,
y tragarlo
cuando ya no lo quiera.
(no era dios padre
el que me cuidaba
sino dios madre,
a quien blasfemaba)
Quiero un dios pequeñito
tan pequeñito
para que me lo pueda tragar
y así no pueda
salir a jugar a jugar con el mundo
y testifique mi teofagia
su eterno olvido
y abandono
de quienes lo buscamos
incluso
en la palma de la mano.
Quiero un dios pequeñito
que no me pueda tragar.
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