miércoles, 2 de noviembre de 2011

Vocación

A carcajadas se burlaron
las negras Moiras
cuando trenzaron el hilo
de mi oscuro destino
y me entragaban
una vocación.

A carcajadas se burlaba
mi padre cuando supo
que estudié artes
o historia o filosofía
que escribo, a veces, poesía
que investigo, a veces, en archivos.

"Te vas a morir de hambre"
sentenció.
Apeló a mi escaso talento
expuso bajos argumentos
sobre el dinero
el bienestar
y eso que llaman "futuro".

"Te vas a morir de hambre"
me repetía
creyendo que me convencía
ignorando
la trenza oscura
que guía mi vocación.

Y me muero de hambre.

Ciertamente, todos los meses
me muero de hambre
cada vez que quiero
no sólo morder
-quizás torturar-
la mano que me da de comer
que hace de la crítica
una mercancía
que acumula torpemente
alienados que pagan
mis palabras.

Me muero de hambre
toda vez que no cotizo
en isapres y aefepés
que me recuerdan a diario
que ser mujer
no es sólo
sangrar una vez al mes
sino pagar cada año
de fertilidad inútil
otorgada en vano
permanecerá yerma.

Me muero de hambre
cada vez que observo
la muerte de las utopías.

Ciertamente me moriré
de hambre
y de sed
de justicia
de cáncer
con metástasis mesiánica
cuando ya no pueda
dejar de mirar
con ojos atentos
eso que llaman
contradicción principal.

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