Deslavadamente
en un rinconcito de la memoria
se imprime
ese instante fugaz
de desencuentros
-como al mirar las estrellas,
te hablo y no te miro-
sólo se trata
de un reconocimiento
cuando me besas
y descubro
que me vigilas silencioso.
Mientras me besas
con los ojos abiertos.
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